"PARAcio Presidencial Colombiano"
Nunca antes analista político había logrado plasmar con tanta agudeza y capacidad de síntesis, como
Vladdo, la doliente y taciturna realidad de un país prisionero de la tiranía. Su caricatura semanal del "Paracio Presidencial" plasma con asombro el rastro de la ignominia y la criminalidad de un gobierno protegido hasta ahora por los halcones washingtonianos y la guardia presidencial de la impunidad de fanáticos fascistas e instituciones podridas. El título de "Paracio Presidencial" es una genialidad del artista gráfico que de entrada caracteriza con acierto al gobierno del Presidente Álvaro Uribe.
Hiere la dignidad de Colombia que los paramilitares se hayan tomado el Palacio Presidencial. Uribe es la concreción del sueño del capo Pablo Escobar de llegar a la Presidencia de la República.
Al fin de cuentas como dice un destacado comandante de las FARC Uribe es simplemente el hijo de un testaferro del narcotráfico venido a más.
Sus dos campañas electorales fueron empujadas por la motosierra y los dólares de sangre y cocaína de los capos narco-paramilitares que ocuparon el lugar de los carteles de Cali y Medellín.
En la pared frontal del resquebrajado "Paracio" aparece la repugnante estampa de alias "La Gata", mafiosa paramilitar de la Costa que también financió su campaña.
Debiera flamear en algún lugar del apocalíptico "Paracio" la bandera de los Estados Unidos que sostiene a ese gobierno pútrido en medio de la tempestad moral que reclama su renuncia.
Pareciera sin embargo que el F-16 y el helicóptero que sobrevuelan el plomizo cielo, no sólo protegen la sede de gobierno, sino que representan también el Plan Colombia y el Plan Patriota, estandartes de la abrumadora injerencia de Washington en el conflicto interno que desangra a Colombia.
Se nota la ausencia de la motosierra paramilitar, aunque seguramente esté representada en el cráneo que remata una de sus torres. Ese símbolo de la muerte trasluce en su mirada hueca la infamia de los "falsos positivos" que han hecho llorar a miles de familias pobres el vil asesinato de los suyos.
Los asesinaron, y luego los disfrazaron de guerrilleros para que la política de "seguridad democrática" pudiera espetar ante el mundo su ensangrentado grito de victoria. Ante el silencio de las instancias judiciales ¿en qué queda la responsabilidad penal de Uribe, del ministro Santos y de los generales involucrados?
Los colombianos no podemos permitir que la cortina de humo que se levanta densa desde las bases del
"Paracio", cubra con su oscuro manto de impunidad crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado como las masacres de civiles, las desapariciones forzadas, las miles de fosas comunes y el desplazamiento campesino con despojo de tierras.
Colgada de la azotea se ve la mano cercenada del Comandante Iván Ríos como símbolo macabro de la degradación de la guerra, práctica inveterada del Estado y cruel expresión de su barbarie.
En la otra torre, un cínico elefante que representa a Uribe, moco al aire lanza berridos de perjurio intentando hacer creer que todos estos crímenes ocurrieron a sus espaldas. Nada tuvo que ver el angelito en el cohecho que le torció el cuello a la Constitución para garantizar su reelección inmediata. Nada tuvo que ver en el fraude electoral que a su favor montaron el director del DAS y el cabecilla paramilitar Jorge 40. Tampoco sabía del plan de magnicidio contra el Presidente Chávez. Fue a sus espaldas también que el DAS pasó a los paramilitares la lista de dirigentes sindicales y populares que debían asesinar. El inocente querubín tampoco tiene la culpa del protuberante hecho de que más del 90% de su bancada en el Congreso haya sido vinculada al proceso de la narcopara-política. Sin importarle un comino las interpelaciones de la ética, sostiene en el cargo a su Ministro del Interior y
Justicia a pesar de tener un hermano tras las rejas, al cual defendió, a sabiendas de que era un fiscal sin vergüenza al servicio de la mafia.
Y allá arriba, en el pináculo del "Paracio", el Ministerio de “Palmicultura" (no de Agricultura), célebre porque desde allí el ministro del ramo conocido como "Uribito", negó tierras a los campesinos desplazados aduciendo que estos carecían de "músculo financiero", razón por la cual se las otorgaba a los señores de la agro-industria paramilitar.
El lector debe tener en cuenta que en su proyecto contrainsurgente, el señor Uribe está entregando a sus socios paramilitares -como estrategia de control territorial- las tierras despojadas a los campesinos para la siembra de palma africana.
Flanqueando a "La Gata" pueden verse los emblemas de la Cruz Roja y de Telesur, utilizados como engaño en la denominada "operación jaque", cuyo éxito se debió fundamentalmente a la acción de unos traidores. Y un poco más allá, el purpurado del averno, monseñor Escrivá, fundador del Opus Dei, sombría logia a la que pertenece el Presidente Uribe.
Últimamente están apareciendo, en primer plano, los hijos del Presidente montados sobre la permanente cortina de humo que encubre al gobierno, muy sonrientes con sus luciferinas alas oscuras, tras enriquecerse con las operaciones financieras de la pirámide DMG, la misma que el gobierno ahora acusa de instrumento del lavado de activos como pretexto para justificar el robo de los ahorros de toda una vida a millares de colombianos. Lo raro es que mientras los hijos del Presidente se enriquecían,
DMG fue una empresa muy honorable. Y en el frontispicio del inmundo "Paracio", debajo del escudo de la República, puede leerse el distintivo "CASA DE NARI", nombre que dieron al Palacio de Nariño los mafiosos de la "Oficina de Envigado" de Medellín, que entrando por la puerta de atrás se reunieron con los voceros del Presidente, a conspirar, en la propia sede del gobierno nacional, contra la Corte Suprema de Justicia. Algún día esa casa que ostenta el nombre del precursor cimero de nuestra independencia, Antonio Nariño, tendrá que volver a ser la digna casa desde donde gobernó Bolívar, el Presidente Libertador, y no una cueva de rufianes.
En la extrema derecha ondean las banderas de la mentira y la manipulación de editorial Planeta y el diario El Tiempo que representa la alianza del franquismo con la familia Santos, encubridores de los más abominables crímenes de Estado que han ceñido la cabeza de un asesino con la falsa aureola de un mesías. Y en toda la cúpula del cuchitril de URIBITWO se puede apreciar la antena de RCN, que ya no es Radio Cadena Nacional, sino Radio Casa de Nari, que juega idéntico papel de cómplice de las tropelías del poder contra un pueblo que no vivirá eternamente en las tinieblas de la opresión. Maldito y triste papel el de todos los aduladores del poder despótico.
Con toda seguridad, la curita o venda adhesiva con que las FARC inauguraran este gobierno, acompañará también la expulsión de los forajidos de la Casa de Nariño cuando la soberanía del pueblo y la cólera de los de abajo, diga basta en la forma de una alternativa política que restablezca el decoro de la nación.
Esa otra caricatura de Vladimir Flórez (Vladdo) en la que aparece la nave aeroespacial de Uribe persiguiendo entre asteroides a las FARC sin percatarse que tras él va la poderosa nave de la Corte
Penal Internacional, debe servir de reflexión a sus secuaces y lugartenientes. No creemos que estén dispuestos a acompañarlo al banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional. Aún están a tiempo de dejarlo sólo, rumbo a su destino. Y lo decimos reiterándoles a todos, que por principio y sentimientos de soberanía no estamos de acuerdo, bajo ninguna circunstancia, con tales tribunales ni con la extradición de nacionales.
Este Vladdo es excepcional. Ni se arruga ni se arrodilla frente a la tiranía del poder.
Tomado de Resistencia 37
Nunca antes analista político había logrado plasmar con tanta agudeza y capacidad de síntesis, como
Vladdo, la doliente y taciturna realidad de un país prisionero de la tiranía. Su caricatura semanal del "Paracio Presidencial" plasma con asombro el rastro de la ignominia y la criminalidad de un gobierno protegido hasta ahora por los halcones washingtonianos y la guardia presidencial de la impunidad de fanáticos fascistas e instituciones podridas. El título de "Paracio Presidencial" es una genialidad del artista gráfico que de entrada caracteriza con acierto al gobierno del Presidente Álvaro Uribe.
Hiere la dignidad de Colombia que los paramilitares se hayan tomado el Palacio Presidencial. Uribe es la concreción del sueño del capo Pablo Escobar de llegar a la Presidencia de la República.
Al fin de cuentas como dice un destacado comandante de las FARC Uribe es simplemente el hijo de un testaferro del narcotráfico venido a más.
Sus dos campañas electorales fueron empujadas por la motosierra y los dólares de sangre y cocaína de los capos narco-paramilitares que ocuparon el lugar de los carteles de Cali y Medellín.
En la pared frontal del resquebrajado "Paracio" aparece la repugnante estampa de alias "La Gata", mafiosa paramilitar de la Costa que también financió su campaña.
Debiera flamear en algún lugar del apocalíptico "Paracio" la bandera de los Estados Unidos que sostiene a ese gobierno pútrido en medio de la tempestad moral que reclama su renuncia.
Pareciera sin embargo que el F-16 y el helicóptero que sobrevuelan el plomizo cielo, no sólo protegen la sede de gobierno, sino que representan también el Plan Colombia y el Plan Patriota, estandartes de la abrumadora injerencia de Washington en el conflicto interno que desangra a Colombia.
Se nota la ausencia de la motosierra paramilitar, aunque seguramente esté representada en el cráneo que remata una de sus torres. Ese símbolo de la muerte trasluce en su mirada hueca la infamia de los "falsos positivos" que han hecho llorar a miles de familias pobres el vil asesinato de los suyos.
Los asesinaron, y luego los disfrazaron de guerrilleros para que la política de "seguridad democrática" pudiera espetar ante el mundo su ensangrentado grito de victoria. Ante el silencio de las instancias judiciales ¿en qué queda la responsabilidad penal de Uribe, del ministro Santos y de los generales involucrados?
Los colombianos no podemos permitir que la cortina de humo que se levanta densa desde las bases del
"Paracio", cubra con su oscuro manto de impunidad crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado como las masacres de civiles, las desapariciones forzadas, las miles de fosas comunes y el desplazamiento campesino con despojo de tierras.
Colgada de la azotea se ve la mano cercenada del Comandante Iván Ríos como símbolo macabro de la degradación de la guerra, práctica inveterada del Estado y cruel expresión de su barbarie.
En la otra torre, un cínico elefante que representa a Uribe, moco al aire lanza berridos de perjurio intentando hacer creer que todos estos crímenes ocurrieron a sus espaldas. Nada tuvo que ver el angelito en el cohecho que le torció el cuello a la Constitución para garantizar su reelección inmediata. Nada tuvo que ver en el fraude electoral que a su favor montaron el director del DAS y el cabecilla paramilitar Jorge 40. Tampoco sabía del plan de magnicidio contra el Presidente Chávez. Fue a sus espaldas también que el DAS pasó a los paramilitares la lista de dirigentes sindicales y populares que debían asesinar. El inocente querubín tampoco tiene la culpa del protuberante hecho de que más del 90% de su bancada en el Congreso haya sido vinculada al proceso de la narcopara-política. Sin importarle un comino las interpelaciones de la ética, sostiene en el cargo a su Ministro del Interior y
Justicia a pesar de tener un hermano tras las rejas, al cual defendió, a sabiendas de que era un fiscal sin vergüenza al servicio de la mafia.
Y allá arriba, en el pináculo del "Paracio", el Ministerio de “Palmicultura" (no de Agricultura), célebre porque desde allí el ministro del ramo conocido como "Uribito", negó tierras a los campesinos desplazados aduciendo que estos carecían de "músculo financiero", razón por la cual se las otorgaba a los señores de la agro-industria paramilitar.
El lector debe tener en cuenta que en su proyecto contrainsurgente, el señor Uribe está entregando a sus socios paramilitares -como estrategia de control territorial- las tierras despojadas a los campesinos para la siembra de palma africana.
Flanqueando a "La Gata" pueden verse los emblemas de la Cruz Roja y de Telesur, utilizados como engaño en la denominada "operación jaque", cuyo éxito se debió fundamentalmente a la acción de unos traidores. Y un poco más allá, el purpurado del averno, monseñor Escrivá, fundador del Opus Dei, sombría logia a la que pertenece el Presidente Uribe.
Últimamente están apareciendo, en primer plano, los hijos del Presidente montados sobre la permanente cortina de humo que encubre al gobierno, muy sonrientes con sus luciferinas alas oscuras, tras enriquecerse con las operaciones financieras de la pirámide DMG, la misma que el gobierno ahora acusa de instrumento del lavado de activos como pretexto para justificar el robo de los ahorros de toda una vida a millares de colombianos. Lo raro es que mientras los hijos del Presidente se enriquecían,
DMG fue una empresa muy honorable. Y en el frontispicio del inmundo "Paracio", debajo del escudo de la República, puede leerse el distintivo "CASA DE NARI", nombre que dieron al Palacio de Nariño los mafiosos de la "Oficina de Envigado" de Medellín, que entrando por la puerta de atrás se reunieron con los voceros del Presidente, a conspirar, en la propia sede del gobierno nacional, contra la Corte Suprema de Justicia. Algún día esa casa que ostenta el nombre del precursor cimero de nuestra independencia, Antonio Nariño, tendrá que volver a ser la digna casa desde donde gobernó Bolívar, el Presidente Libertador, y no una cueva de rufianes.
En la extrema derecha ondean las banderas de la mentira y la manipulación de editorial Planeta y el diario El Tiempo que representa la alianza del franquismo con la familia Santos, encubridores de los más abominables crímenes de Estado que han ceñido la cabeza de un asesino con la falsa aureola de un mesías. Y en toda la cúpula del cuchitril de URIBITWO se puede apreciar la antena de RCN, que ya no es Radio Cadena Nacional, sino Radio Casa de Nari, que juega idéntico papel de cómplice de las tropelías del poder contra un pueblo que no vivirá eternamente en las tinieblas de la opresión. Maldito y triste papel el de todos los aduladores del poder despótico.
Con toda seguridad, la curita o venda adhesiva con que las FARC inauguraran este gobierno, acompañará también la expulsión de los forajidos de la Casa de Nariño cuando la soberanía del pueblo y la cólera de los de abajo, diga basta en la forma de una alternativa política que restablezca el decoro de la nación.
Esa otra caricatura de Vladimir Flórez (Vladdo) en la que aparece la nave aeroespacial de Uribe persiguiendo entre asteroides a las FARC sin percatarse que tras él va la poderosa nave de la Corte
Penal Internacional, debe servir de reflexión a sus secuaces y lugartenientes. No creemos que estén dispuestos a acompañarlo al banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional. Aún están a tiempo de dejarlo sólo, rumbo a su destino. Y lo decimos reiterándoles a todos, que por principio y sentimientos de soberanía no estamos de acuerdo, bajo ninguna circunstancia, con tales tribunales ni con la extradición de nacionales.
Este Vladdo es excepcional. Ni se arruga ni se arrodilla frente a la tiranía del poder.
Tomado de Resistencia 37
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