. TLC entre Chile y EE.UU. en 6 preguntas.DOCUMENTO EXPUESTO
Por
IVAN VALDEZ EN LA VI ESCUELA SERGIO VARAS DEL MPMR
1.- ¿Qué es el TLC?
"La expansión del comercio internacional es de vital >importancia para la seguridad nacional de Estados >Unidos. El comercio es un factor crítico para el >crecimiento económico de Estados Unidos y su liderazgo >en el mundo. Las relaciones de comercio estables >promueven la seguridad y la prosperidad. Hoy los >acuerdos comerciales sirven al mismo objetivo que los >pactos de seguridad durante la Guerra Fría, >comprometiendo a las naciones por medio de una serie >de derechos y obligaciones". Esta es parte del texto >de la >"Trade Promotion Authority", la Ley que autoriza al >gobierno de Estados Unidos a negociar TLC con otros >países, o vía rápida. >El Tratado de Libre Comercio suscrito entre nuestro >país y EE.UU. es quizás el acuerdo bilateral más >importante en la historia de Chile. Esto por dos >razones. La primera es que se trata de un tratado de >"ultima generación", es decir, que norma aspectos que >van mucho más allá de lo puramente comercial, >regulando toda la política económica del país, lo que >va desde las compras gubernamentales a la >implementación de reglamentaciones a la propiedad >intelectual, pasando por las políticas para el control >de capitales e impositivas. Todo lo cual restringe a >niveles nunca vistos, salvo en el período de la >Colonia, las políticas públicas nacionales. Lo segundo >es que se trata de un acuerdo firmado con la >principal potencia económica y militar del mundo, lo >que hace prácticamente imposible desahuciarlo. En >síntesis, el TLC establece los marcos en los que podrá >moverse nuestro país a perpetuidad, sin que las >futuras generaciones – ni por cierto los futuros >gobiernos y parlamentos- puedan hacer algo para >cambiar las reglas del juego. De ahí que algunos lo >califiquen como un atentado estratégico a nuestra >soberanía. El TLC es el amarre casi definitivo de >nuestro país al actual modelo. >La premisa sobre la que se basa la euforia que generó >la firma del TLC, es que va a generar un mayor >crecimiento económico y que este crecimiento va a >generar desarrollo. Esto se acopla a otra premisa: que >las economías pequeñas –dado lo pobre de su mercado >interno- sólo pueden desarrollarse abriéndose al >mundo, lo que sería el caso de nuestro país, un >planteamiento que se denominó como el modelo de >"crecimiento hacia fuera", en contraposición a las >tesis cepalianas del "crecimiento hacia adentro" que >dieron sustento a las políticas de industrialización >por sustitución de importaciones que se aplicaron en >la región hasta bien adentro la década del 70. Dos >premisas básicas de la teoría económica neoliberal, >dos premisas también que los hechos se han encargado >de poner en cuestión. >En este sentido es interesante recordar las >reflexiones del economista jefe del propio FMI, >Kenneth Rogoff, quien señaló en un reciente estudio >que "un sistemático examen de la evidencia existente >sugiere que es difícil establecer una fuerte relación >causal" entre la apertura de una economía pequeña y su >crecimiento económico, concluyendo que "una lectura >objetiva del vasto esfuerzo investigativo realizado a >la fecha sugiere que no hay respaldo fuerte, sólido y >uniforme para el argumento teórico según el cual la >globalización financiera per se depara una tasa más >alta de crecimiento". >De hecho el propio ministro de Hacienda, Nicolás >Eyzaguirre, ante la efervescencia de pronósticos >auspiciosos para nuestra economía gracias a la firma >del TLC, aclaró que "cuando ya entramos a hacer >proyecciones de crecimiento tenemos que ser un poco >más cuidadosos con un conjunto de factores. Las >mayores exportaciones producto del TLC no significa >necesariamente un efecto sobre el Producto Interno >Bruto".
2.- ¿Cómo se gestó el acuerdo?
Este jueves 1 de enero de 2004 entró en vigencia el >Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados >Unidos. Meta final de una ardua maratón de más de 12 >años de negociaciones. Todo un hito histórico. Con la >puesta en marcha del tratado, nuestro país llega el >clímax de su apertura económica, en un diseño >elaborado hace décadas por los niños símbolo de la >dictadura: los Chicago Boys. Con toda razón el FMI >elogia a Chile por haber completado –muy por delante >de sus vecinos- las transformaciones estructurales que >el Consenso de Washington demandaba: privatizaciones, >desregulación laboral, repliegue del Estado en la >economía y los servicios sociales y apertura >indiscriminada de sus mercados. Todo gracias a la >aprobación del Senado norteamericano, por 66 votos >contra 31, logrado el 6 de junio de 2003, que coronó >el largo esfuerzo realizado por los tres gobiernos de >la Concertación. La ratificación de nuestro parlamento >fue replicado tras apenas un par de meses de >discusión. Lo rápido de nuestra ratificación >parlamentaria obedecía al compromiso realizado por >nuestro país al gobierno norteamericano de tener el >acuerdo vigente para el 1 de enero de 2004, para lo >cual a más tardar nuestro parlamento debía tener el >tema resuelto en octubre de 2003, ya que el tratado >establece que su puesta en marcha sólo ocurrirá 60 >días después de la aprobación del último parlamento. >Angustiosa fue la XIV ronda de negociaciones en la que >finalmente se llegó al ansiado acuerdo. Lo que no es >para menos si consideramos que las tratativas pasaron >su peor momento en sus ya más de 11 años de trabajo. >Esto porque se estaba ad portas que se cumpliera el >plazo fatal dado por los presidentes Lagos y W.Bush >para que se llegara a puerto, sin que pudieran >resolverse los temas más complejos como el acceso a >los mercados, flujo de capitales, solución de >controversias y marcos laborales y medioambientales. >Tal fue el descontento que generó la propuesta >norteamericana que incluso algunos la calificaron como >una "burla". >El rechazo a lo poco que se filtró de las >negociaciones, ya que el acuerdo hasta entonces era >secreto, provino de los más diversos sectores como el >PS, RN y la UDI, así como la oposición de los >presidentes de las comisiones de Relaciones >Exteriores, Hacienda y Agricultura a cargo de Gabriel >Valdés, Jaime Naranjo y Carlos Ominami >respectivamente. Por su parte la contraparte >norteamericana mandó un claro mensaje en el sentido de >que no estaba dispuesta a variar sustancialmente su >ofrecimiento, primero en palabras su embajador en >Chile, William Brownfield, que señaló que no tenía >sentido prorrogar las conversaciones porque "las >posiciones fundamentales" de ambos países "no van a >cambiar", misma posición planteada por el >representante comercial del País del Norte, Robert >Zoellick, que tras reunirse con los ministros >Eyzaguirre y Alver que viajaron para sumarse a las >negociaciones, enfatizó que " a estas alturas están >bastante claros los márgenes de maniobra". >¿Cómo fue posible entonces que se llegara a un acuerdo >de último minuto si no se había llegado a consenso en >materias clave y ninguna de las partes parecía ceder? >Finalmente una de ellas cedió, según trascendidos, una >orden expresa de La Moneda sus negociadores para >cerrar el trato tal como estaba, es decir, tal como lo >decía la Casa Blanca, bajo la premisa de que era mejor >tener un tratado que no incorporaba todos los >elementos de la parte chilena a no tener ninguno. > >3.- ¿Cuáles son sus principales elementos? >Este acuerdo entrega a los capitales el rango de >sujetos de derecho internacional, un rango hasta ahora >sólo otorgado a los estados. Esto pone a las >inversiones fuera del alcance de las legislaciones >nacionales, les da "inmunidad diplomática". Por otro >lado al poner a los capitales y los estados al mismo >nivel, las controversias entre ambos deben ser >resueltas por un tribunal arbitral superior. >Como antes señalábamos, un acuerdo de estas >características abarca prácticamente todas la áreas >económicas de un país, pero en este documento nos >vamos a abocar al tratamiento de cuatro áreas: >tratamiento a los capitales, comercio, propiedad >intelectual y compras públicas. >Tratamiento a los capitales: La idea fundamental en >este caso es asegurar la protección "a todo evento" >del capital extranjero, o si se prefiere, la >protección de las inversiones y capitales de la >contraparte en el acuerdo. En este punto encontramos >dos conceptos clave en el TLC, el de "Trato nacional" >y el de "Trato de nación más favorecida". >Cuando se habla de "Trato nacional", en el artículo >10.2, significa que cada parte no podrá otorgar un >tratamiento distinto a sus inversiones que el que da a >los inversionistas de la contraparte, es decir, en >este caso implica que las autoridades chilenas no >podrán privilegiar a los inversionistas locales sobre >las inversiones norteamericanas. Específicamente, el >trato igualitario debe ser en lo concerniente al >establecimiento, adquisición, expansión, >administración, conducción, operación y venta o >cualquier otra forma de disposición de las >inversiones. >Por su parte, el "Trato de nación más favorecida", >establecido en el artículo 10.3 implica que el país >suscriptor del acuerdo, no podrá otorgarle a >inversionistas de un tercer país, condiciones más >favorables para sus capitales que las que entrega a la >contraparte del TLC. Es decir, en este caso Chile no >podrá dar un mejor trato a las inversiones de >cualquier país del mundo, mejores que las que da a las >inversiones norteamericanas, y viceversa. >Otro concepto interesante que contempla en acuerdo en >materia de inversiones es el establecido en el >artículo 10.5 sobre "Requisitos de desempeño", el que >consiste justamente en la imposibilidad de que un >Estado nacional exija requisitos de desempeño alguno a >la empresa extranjera. Entre otras cosas, por ejemplo, >no se podrá exigir: exportar una determinada cantidad >de bienes o servicios, alcanzar un determinado >porcentaje de contenido nacional en la producción, >determinar valores o relación entre valores y >productos exportados, transferir tecnología o >cualquier conocimiento relacionado con su producción. >El artículo 10.8 del tratado consagra que cada parte >permitirá que las transferencias de recursos >realizadas por las inversiones cubiertas por el >tratado se "hagan libremente y sin demora, desde y >hacia su territorio". Esto resulta un problema, ya que >impide, por ejemplo, emplear políticas públicas para >abordar problemas relacionados con la salida de >capitales, como es el caso del tipo de cambio. >Asimismo, impide que se apliquen medidas para >potenciar el desarrollo nacional como que parte de las >utilidades de reinviertan en el país. >Otro punto del acuerdo, establecido en el artículo >10.9, señala que ninguna parte podrá expropiar, >directa o indirectamente, a las inversiones >provenientes de la contraparte, salvo que se trate de >una causa mayor de utilidad pública y que esta no sea >"discriminatoria" con apego al derecho internacional y >que se realice sólo mediante el "pago pronto, adecuado >y efectivo de la indemnización", que es básicamente el >pago a precio de mercado y no de avalúo fiscal como se >hacen todas las demás expropiaciones, de la inversión >a expropiar. En este punto existe un segundo problema >de preocupación, como es el concepto de "expropiación >indirecta" que utilizan las inversiones extranjeras, >en particular las norteamericanas: la experiencia del >TLCAN muestra que muchas veces el ejercicio de >cualquier facultad de las autoridades públicas –no >relacionadas con la confiscación- es interpretada como >una medida indirectamente expropiatoria con la empresa >norteamericana La empresa norteamericana Metalclad >consideró que una normativa de las autoridades >mexicanas sobre medio ambiente resultaba perjudicial >para sus ganancias futuras, por lo que la firma >demandó al Estado mejicano por aplicar medidas >exporpiatorias en su contra, una demanda que ganó la >empresa. De hecho, tal como lo demuestra la >experiencia del TLCAN, ya los propios impuestos o el >cambio en el esquema impositivo, es considerado una >medida "expropiatoria". Es en este contexto que se >entiende la reticencia del gobierno chileno para >aplicar demandas tan justas y sentidas como un royalty >a la gran minería. >En este mismo sentido, en el acuerdo podemos encontrar >el concepto de "transparencia" en las compras públicas >o las adquisiciones del aparato del Estado. Las >compras públicas históricamente se han utilizado en >muchos momentos como un instrumento de las políticas >económicas públicas, para potenciar determinados >sectores económicos, por ejemplo en el caso chileno >pueden ser las Pymes. Sin embargo, esto es considerado >"discriminatorio" y por tanto una medida >"expropiatoria indirecta". Es por esto que las compras >públicas deben hacerse a través de licitación, donde >las empresas pequeñas no tienen posibilidades de >competir. >Movimiento de capital financiero: Es en el marco del >principio de resguardo a todo evento de los capitales >foráneos, que el TLC establece –tal como lo >reconocieron las autoridades locales- la total >desregulación del movimiento de los capitales >financieros. El gobierno acordó eliminar el encaje, el >principal mecanismo regulador de los capitales >especulativos o golondrinas, causantes de las mayores >crisis económicas en la última década. >La primera mitad de la década del 90 se caracterizó >por la prudencia mostrada por las autoridades en >materia macroeconómica. El fuerte repunte en la >inversión registrado en el período vino acompañado de >importantes políticas de resguardo para enfrentar los >fuertes desequilibrios que encierra un brusco aumento >en la oferta de capitales. Esto permitió que nuestro >país sorteara sin mayores complicaciones el llamado >"tequilazo", la crisis mexicana que remeció a toda la >región. >Al respecto los economistas Ricardo Ffrench Davis >-Asesor Principal de la Cepal- y Heriberto Tapia, en >su artículo "Política macroeconómica y la cuenta de >capitales", "El retorno de capitales volvió a planear >dilemas a las autoridades, que enfrentaron el desafío >de aprovechar las oportunidades de mayor inversión >asociadas a ellos y a evitar el riesgo de entrar a una >zona de vulnerabilidad. Se optó entonces por un >enfoque de prudencia macroeconómica y la utilización >de instrumentos como el encaje para alterar la >composición de los flujos de capitales, disminuyendo >de este modo las entradas especulativas y su efecto >desestabilizador". >Cabe recordar que en todas las grandes crisis desde la >década del ochenta en adelante, el factor impulsor fue >el mercado de capitales global, cuestión que pudimos >observar en la crisis de la deuda externa y con >posterioridad en la crisis mexicana conocida como el >"tequilazo" en 1994, la del sudeste asiático en 1997, >la crisis de Rusia y Brasil en 1998 y la crisis vivida >en Argentina y Turquía en el período 2000-2001. >El encaje se volvió entonces un instrumento que sirvió >de ejemplo al mundo, ampliamente difundido en los >foros internacionales, pero que sin embargo va en la >dirección contraria a la señalada por los neoliberales >más ortodoxos que asumieron la conducción >macroeconómica del país la segunda mitad del 90. En >esta etapa ni el encaje, ni ningún otro mecanismo >regulador, fueron utilizados, lo que se tradujo en >que la llamada "Crisis Asiática" golpera con extrema >fuerza a Chile . En 1998 se desata la crisis en >nuestro país provocada en gran medida por una >importante fuga de capitales, no sólo de los >extranjeros, sino también de capitales provenientes de >los fondos de pensiones, que fue posible debido a que >en 1995 se amplió el porcentaje permitido a las >administradoras para invertir en el exterior. La >desaceleración llevó a nuestro país a perder un 1% del >producto en 1999. Del inicio de la crisis chilena han >pasado ya cinco años y aún no se ven claros signos de >reactivación. Con el TLC, Chile renuncia >definitivamente a crear protecciones contra el azote >de los capitales especulativos. >Comercio exterior: El comercio exterior es el aspecto >más publicitado del TLC. Noticia de primera plana >durante muchos días fue la rebaja en los aranceles de >casi el 90% de los productos chilenos exportables a >EE.UU. Lo que no se dice sobre este tema es, en primer >lugar, que la rebaja arancelaria en para ambas partes >–no sólo para Chile- y que la rebaja en los aranceles >norteamericanos lograda tras el acuerdo, no modifica >sustancialmente las barreras comerciales que ya >existían. >La alegría que genera cualquier medida de facilitación >en el comercio exterior se para desde una premisa >ancla del paradigma neoliberal para los países de la >periferia capitalista: dado que los mercados internos >de los países subdesarrollados son débiles, tanto por >lo precario de su ingreso como por la mala >distribución de la riqueza, éstas economías sólo >pueden crecer y desarrollarse abriéndose al mercado >mundial. Por tanto la creciente demanda de los >mercados mundiales aumentaría el ingreso y >desarrollaría importantes áreas de la economía. A >partir de esta premisa es que desde la segunda mitad >de la década del 70, nuestro país inicia un brutal >proceso de apertura, rebajando indiscriminada y >voluntariamente sus aranceles. Esto si bien potenció >el volumen exportador y diversificó los destinos de >nuestros productos no resolvió dos problemas >cruciales: la alta concentración en manos privadas de >los principales núcleos productivos, así como no logró >dotar de mayor valor agregado nuestras exportaciones, >concentrándose en la exportación de materias primas, >con escaso impacto en otros sectores de la economía y >con precios altamente volátiles como son las >cotizaciones de commodities. >En 1970, las exportaciones de Chile alcanzaban los 1.112 millones de dólares, de los cuáles un 76% correspondía a ventas de cobre y el 24% restante a recursos naturales con escaso nivel de elaboración. Para el año 2000, nuestra oferta exportadora sigue concentrada en los recursos naturales, que corresponden a un 86% del total y sólo poca más del 13% correspondió a productos manufacturados. El TLC, en el plano comercial consolida esta estructura dependiente de la venta de commodities. El problema es que hasta hoy no se conoce en la historia de un país que haya salido del subdesarrollo sobre la base de la venta de recursos naturales. Ahora sobre el aspecto específico sobre el beneficio concreto que tendría el TLC para potenciar nuestras exportaciones, es necesario evaluar con un poco más de detalle el acceso efectivo adicional que tendrán nuestras exportaciones hacia el mercado norteamericano. Todo acuerdo tiene ganadores y perdedores, y este caso no es la excepción. En cuanto al comercio exterior los sectores que se verán claramente beneficiados son los extractivos de materias primas destinadas a la exportación: como los minerales, el sector forestal y el frutícola. Los más perjudicados serán aquellos sectores enfocados al consumo interno con fuerte presencia de Pymes- y los manufactureros. Esto porque no podrán competir con los productos norteamericanos, acentuándose el proceso de sustitución de producción nacional por importaciones. El problema es que los sectores más perjudicados son justamente aquellos que generan más empleo. El año 2000, nuestro país exportó 18. 425 millones de dólares, de los cuáles el 86% correspondió a recursos naturales, lo que da cuenta que las ventas de Chile se mantienen muy concentradas en la producción de materias primas y recursos naturales. Pero la expansión de este sector no se traduce en más empleos, pues son sectores captadores de muy poca mano de obra. De hecho un estudio del PET señala que sólo un 1,6% de los trabajadores labora en alguna empresa ligada al sector exportador. Por otro lado, las Pymes, que en su mayoría están enfocadas al mercado interno, se verán fuertemente afectadas por importaciones más baratas, y a la vez son las que generan alrededor del 80% del empleo. Al respecto son elocuentes las afirmaciones del director de la OIT, Juan Somavía, cuando advierte que "la globalización destruye las industrias nacionales y crea en consecuencia un aumento del número de desempleados superior al que los sectores industriales de tecnologías avanzadas son capaces de absorber". Pero existe otro elemento adicional: la política impositiva que se está acompañando a nuestro proceso de apertura. Con el fin de compensar la merma en los ingresos fiscales que produce la baja de aranceles de alrededor de 300 millones de dólares- el gobierno decidió aumentar en un punto porcentual el IVA. Con esto, el aumento al Impuesto al Valor Agregado se eleva al 3% desde el fin de la dictadura. Recordemos que en 1990 se incrementó –supuestamente en forma transitoria el gravamen de 16% al 18%. El problema de esto no es sólo que se trata de una política tremendamente regresiva puesto que los pobres aportan proporcionalmente una mayor parte de su ingreso, sino que tiene un nefasto efecto en una economía que aún no termina de salir de la crisis. Un estudio de CENDA estima que el alza de este impuesto indirecto les quita a los consumidores alrededor de 1000 millones de dólares anuales. Mil millones de dólares menos en los bolsillos de los chilenos es menos consumo, por tanto menos actividad económica, y por tanto menos empleo. El gobierno argumentó que los consumidores serían compensados al pagar menos impuestos por los productos importados. Sin embargo la rebaja de arancel la reciben directamente sólo los importadores, por lo que aún está por verse en qué medida esta baja en los precios llega finalmente al ciudadano común. Después de todo, experiencias similares ya hemos vivido con la banca, que suele no traspasar a los pequeños clientes las bajas en las tasas de interés decretadas por el Central. En lo que concierne al comercio exterior, se supone que el acuerdo avanza en la mayor liberalización posible en el intercambio de bienes entre ambos países. Por esto es que los éxitos del TLC en esta área deberán entonces medirse a partir del nivel efectivo de acceso que unos tengan al mercado del otro. En este caso la relación que exista en el acceso efectivo de las partes a sus respectivos mercados adquiere especial importancia, considerando el enorme desnivel existente entre ambas economías, siendo la norteamericana más de 134 veces superior a la chilena. Al 1 de enero de este año, nuestro país ya tenía una economía extremadamente abierta. En el caso del comercio, nuestro país mantiene un arancel parejo del 6% que es el impuesto que pagan las importaciones pero con los acuerdos que hasta entonces estaban vigentes, el arancel promedio era del 4%. Ahora con el TLC con EE.UU. este arancel cae al 2,8%. A esto hay que agregar dos protecciones adicionales al mercado interno: las bandas de precios y los mecanismos antidumping –diseñados para contrarrestar la competencia desleal-. Nuestros sistemas antidumping son casi decorativos, de débil impacto y de difícil aplicación. Por otro lado, las bandas de precios son un mecanismo diseñado para estabilizar fuertes fluctuaciones en los precios de ciertos productos y que en nuestro caso también servían para enfrentar la competencia desleal de productos competidores con fuerte subvención de sus respectivos gobiernos, como es el caso de la agricultura norteamericana. En >nuestro país el sistema de bandas se aplicaban al trigo, al azúcar y las oleaginosas. Este mecanismo dejó de existir con el TLC. Por su parte EE.UU. mantiene un pesado y complejo sistema de protección de su mercado. Posee un sistema arancelario escalonado, que grava fuertemente a los productos con mayor grado de elaboración. Además existen cuotas de ingreso y permisos especiales de importación. Cuentan asimismo con un instrumento denominado "Sistema General de Preferencias" (SGP), que es una ley que reduce los aranceles de casi todos los productos. Esta ley caduca cada cierto tiempo, por lo que debe ser constantemente revisada por el Parlamento norteamericano. Todos estos mecanismos tienen un claro fin: proteger su industria de la competencia externa y potenciar el ingreso de materias primas que no compitan con los productores locales. Más del 95% de nuestros envíos a EE.UU. corresponden a recursos naturales, los que ya antes del TLC pagaban un arancel promedio del 0,7%. Pero el más importante y más controvertido mecanismo proteccionista de los norteamericanos son sus subsidios, en particular hacia su agricultura, los que superan los 180 mil millones de dólares. De la mano con sus subsidios, el país del Norte mantiene un cuestionado sistema antidumping, sin derecho real a apelación y que es utilizado habitualmente en forma arbitraria para sacar del camino productos que resulten molestos para los productores norteamericanos. Por otro lado su sistema antidumping permite proteger con gravámenes específicos a aquellos productos que ingresen a su mercado por debajo del precio que los empresarios norteamericanos consideran "normal". Este sistema actualmente está al borde de ser impugnado por la Organización Mundial de Comercio. De muestra un botón: en 1997, de las 842 medidas antidumping vigentes en el mundo, 307 eran norteamericanas. Con el TLC EE.UU. no elimina sus principales mecanismos de protección, como lo son sus subsidios y su sistema antidumping y Chile si elimina su sistema de bandas de precios. El manoseado eslogan de que el 87% de nuestros productos ingresarán con arancel 0, resulta menos espectacular si consideramos que antes del tratado pagaban menos de un 1% de arancel. El resultado no parece tan ventajoso. Por una parte nuestra economía –mucho más débil que la del Tío SAM- no logró un amplio acceso al mercado norteamericano y por el contrario, los estadounidenses lograron eliminar los pocos mecanismos de protección que aún mantenía Chile. Propiedad intelectual: El acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de la Organización Mundial de Comercio (ADPIC o TRPs por sus siglas en inglés), diversos teóricos señalan que no le genera ningún beneficio a los países subdesarrollados. Muy por el contrario redistribuye ingreso de los países en vías de desarrollo a los países desarrollados. Los acuerdos de respeto a la propiedad intelectual benefician particularmente a las metrópolis capitalistas puesto que son ellas las que tienen en gran medida el monopolio de la investigación. Esta es un área particularmente sensible para el sector farmacéutico, puesto que el pago de patentes y la imposibilidad de producir medicamentos con las fórmulas aumenta considerablemente los precios de estos productos. Al respecto es interesante el debate y las acciones realizadas por los gobiernos de Sudáfrica y Brasil, que no sólo decidieron contravenir las normas de la OMC sobre este tema produciendo medicamentos "pirata" a bajo costo para paliar flagelos contra la población como en el caso del SIDA, sino que reactivaron el debate sobre propiedad intelectual en el ceno de la OMC durante la cumbre de Doha. 4.- ¿Qué repercusiones tiene para el país? La tarea parece ciertamente hecha. Pero la necesaria pregunta siguiente es: ¿a quién beneficia? Superando las lógicas básicas de todo análisis de algún tratado, el gobierno insiste en la tesis de que el TLC beneficia a todo el mundo. Siempre supe que los tratados benefician a algunos sectores y perjudican a otros, pero que lo importante es evaluar si –con sus luces y oscuridades- tal acuerdo es beneficioso en lo sustancial. Pero hasta ahora ningún inquilino de La Moneda se ha molestado en explicar detalladamente los alcances del texto suscrito, contentándose con frases como que habrá más empleo, que el 87% de nuestros productos ingresarán al mercado norteamericano con arancel 0, que es una gran oportunidad para las Pymes… etc. Pero finalmente, ¿que hay de cierto en todos estos grandilocuentes anuncios? Esto es quizás lo que mejor ejemplifica lo que realmente implica el TLC. Nuestro país se compromete con el Imperio a asumir de ahora y a futuro la estrategia neoliberal. Y es que el acuerdo con EE.UU. nos amarra como ningún otro la actual estrategia de desarrollo nacional, en primer lugar porque se trata de tratados de última generación –que comprometen prácticamente todos los aspectos de las políticas nacionales- y porque es un acuerdo con la primera potencia económica y militar del planeta. Al respecto son elocuentes las declaraciones hechas a "El Diario" por el ex ministro de la Dictadura, Rolf Luders quien señaló que "Chile tiene aranceles muy bajos en este momento (…) de tal manera que prácticamente ya estamos en un régimen de libre comercio, y las ganancias que se pueden dar son menores. En cambio, los tratados lo que hacen es amarrar el sistema institucional económico chileno, de tal forma de que debiera disminuir sustancialmente el riesgo a las inversiones (…) Será difícil cambiar el régimen de comercio libre, la economía de libre mercado y abandonar la disciplina financiera, porque los tratados de libre comercio, en el fondo, nos atan a esas instituciones (…) Un tratado de libre comercio con las Islas Vírgenes, realmente no tienen mucha importancia, porque mañana podemos desahuciarlo y no pasa absolutamente nada. Pero habiendo firmado uno con la Unión Europea y otro con los estados Unidos, desahuciar esos tratados de libre comercio es extremadamente difícil". Este proyecto podemos decir que encuentra su síntesis en el llamado "Consenso de Washington", que establece como pilares estratégicos la protección irrestricta de la propiedad privada, las privatizaciones y porsobre todo la neutralidad del estado en las decisiones estratégicas. Directrices que inspiraron las llamadas "políticas de ajuste estructural" que impusieron las reformas neoliberales en el continente. En nuestro caso, con el acuerdo se consolida la visión de país desarrollado por los Chicago Boys a partir de la segunda mitad de la década del 70. Este grupo de economistas impulsa una serie de transformaciones estructurales que apuntaban a reemplazar las políticas desarrollistas aplicadas en nuestro país desde la década del 30. 5.- ¿Qué repercusiones tiene para la región? Ante todo esto una pregunta crucial salta a la vista, si nuestro país es una economía tan poco significativa en términos mundiales, ¿qué busca EE.UU. con este tratado? La pregunta la contestan los propios personeros norteamericanos. El ex embajador William Brownfield hace un tiempo enfatizó que "esperamos con anticipación la posibilidad de más colaboración entre USA y Chile en asuntos de comercio, en un sentido más hemisférico y regional como el ALCA". En la misma dirección de los señalado por otro ex embajador en Chile, Jhon O’ Leary, quien afirmó que el TLC será "un modelo para la región y el mundo". En la misma dirección, el ex representante de Comercio de EE.UU., Robert Zoellick, señaló que "la importancia de este acuerdo se extiende más allá… es un avance en las conversaciones del continente." Chile es la cabeza de playa para la instalación del ALCA en todo el continente, la apuesta estratégica de EE.UU. para asegurar su hegemonía mundial, un proyecto que pretende reproducir el esquema del TLCAN a todos los demás países. Todo lo que se da justo en momentos que existe en América Latina una opción por potenciar una estrategia de desarrollo distinta a través de MERCOSUR. Más allá de los elogios que prodigamos a nuestra economía, la verdad es que nuestro país es un pequeño y subdesarrollado mercado en el mundo. Con una participación de apenas el 0,3% de la economía planetaria, Chile no es en sí un socio atractivo para EE.UU. y es que estamos hablando de apenas 15 millones de habitantes con un ingreso per-cápita cinco veces menor al de los 300 millones de norteamericanos. ¿Cuál es el negocio entonces? Los primeros acercamientos que culminaron con este acuerdo se iniciaron hace más de 11 años, durante la administración del Bush "padre", producto de una apuesta norteamericana por aumentar su presencia en el continente, política conocida como "Iniciativa de las Américas". Es en este marco que entra a tallar nuestro país, como plataforma para las políticas estadounidense en la región. En síntesis, cuando EE.UU. negocia con Chile, lo piensa como un trampolín para la instalación del ALCA, que representa una de sus apuestas estratégicas para enfrentar la profunda crisis económica por la que atraviesa, con la mayor deuda de su historia equivalente al 300% de su producto, y su pérdida de competitividad frente a bloques como la Unión Europea. Esto adquiere espacial importancia a partir del contexto en el que se desarrollan las negociaciones, con una América convulsionada que aparece cada vez menos receptiva a las políticas de la Casa Blanca. De hecho tanto Brasil como Venezuela se han mostrado abiertamente contrarios al ALCA, lo que no es un dato >menor si se considera que ambos países representan la mitad del producto latinoamericano. Esto sin considerar la fuerte política regionalista que está impulsando Lula a través de su apuesta por el fortalecimiento del MERCOSUR como contrapunto al poder norteamericano. La última cumbre de la Organización Mundial de Comercio realizada entre el 10 y el 14 de septiembre del 2004 en el balneario mexicano de Cancún, fue una reunión especial. Especial no por el fracaso de su objetivo autoproclamado de profundizar las políticas emanadas del FMI -puesto que una situación similar se viene viviendo desde esa memorable jornada el Seatle-, como tampoco por las masivas manifestaciones de protesta que vienen aparejadas a éstos cónclaves. Fue especial porque por primera vez los países subdesarrollados fueron capaces de agruparse en un gran bloque, fueron capaces de articular su "collage" de intereses en torno a un arco común: conseguir una globalización más justa, evitando que los países ricos sigan imponiendo sus términos sin contrapeso. Un escenario en donde más allá de la retórica, Chile aparece como la excepción, aceptando a través del TLC términos que para el resto de sus pares son inaceptables. Quizás como nunca antes Cancún puso en sobre el tapete de la opinión pública mundial un esquema globalizador que sonrojaría hasta el más obsecuente de los cónsules. El doble estándar de los heraldos del >neoliberalismo hoy es inocultable: mientras a los países pobres se les exige una liberalización a ultranza de sus economías, los países desarrollados mantienen y perfeccionan sendos instrumentos proteccionistas. Una realidad en la que quizás la agricultura es el ejemplo más patético. Dentro del amplio abanico proteccionista que utiliza el norte desarrollado, el que en la cumbre estuvo en el centro de la polémica fueron los subsidios. En la actualidad, EE.UU. y Europa representan el 52% del mercado mundial de alimentos, una posición privilegiada que obtienen apoyándose en sus abultados subsidios, de más de 320.000 millones de dólares. "Así aumentan artificialmente la competitividad de sus producciones agrícolas a costa de desplazar a productores de países en desarrollo" advierte el economista Hugo Fazio. Según datos entregados por el propio el Banco Mundial a la última cumbre de la OMC, EE.UU. sólo al algodón entrega subsidios que superan los 3.000 millones de dólares, cifra no sólo escandalosa porque triplica la ayuda que entrega ese país a África, sino porque hace bajar artificialmente los precios del algodón en el mundo, perjudicando justamente a los productores de los países pobres, que sólo en el continente negro representa una caída en los ingresos estimada en 250 millones de dólares. Similar situación es la que viven los productores mexicanos de maíz. Según un estudio de Oxfam, los 10.000 millones de dólares que entrega el Estado norteamericano a sus productores de maíz, han hecho bajar los precios del grano hasta en un 70% en el país Azteca, situación que se inicia en 1994, cuando México firma el TLC con EE.UU. La caída de los precios producto del dumping norteamericano ha hecho prácticamente colapsar este sector agrícola en México. En torno a éstos temas por primera vez se articuló un frente común entre los países en desarrollo, el llamado G-20, o grupo de los 20, encabezados por Brasil, India y Sudáfrica, con el decisivo apoyo de China, grupo que reúne al 65% de la población mundial que vive de la agricultura. La idea era convertirse en un contrapeso frente a los países desarrollados, y lo consiguieron. Pero no fue el problema agrícola el que sentenció el fracaso de la cumbre, sino la imposición por parte de los países desarrollados de los llamados "temas de Singapur", denominados así por haberse propuesto durante la cumbre desarrollada en ese lugar. Ésta agenda recoge en esencia las conclusiones del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), recogiendo la idea de la apertura de los mercados, la llamada transparencia en las adquisiciones públicas – que no es otra cosa que permitir el acceso de las empresas extranjeras a las compras de los gobiernos-, y aumentar la protección a la propiedad intelectual, es decir, preservar los beneficios del conocimiento a los grandes monopolios privados de la investigación que existen. Ante la insistencia de los países subdesarrollados de establecer relaciones comerciales más justas en la agricultura, los países desarrollados intentaron poner esto como moneda de cambio para la imposición de los "temas de Singapur”, es decir, estaban dispuestos a ceder algunos centímetros sobre sus subsidios siempre y cuando los países pobres aceptaran reestructurase para aceptar en mejores condiciones las inversiones extranjeras. Esto gatilló el quiebre. El grupo que articuló a los países en desarrollo consideró la estrategia del Norte como inaceptable. La cumbre terminó sin llegar a conclusiones determinantes, lo que llevó a los países desarrollados a proclamar con más fuerza su nueva estrategia: ya que no pudieron doblegar a los pobres en una instancia multilateral gracias a la unión de éstos, ahora la apuesto es lograrlo mediante tratativas bilaterales o por bloques regionales, tal como lo hicieron con Chile a través del TLC. Si bien el Gobierno de Chile participó del G-20, en los hechos asumió una posición absolutamente contraria al de sus pares. A diferencia de la posición tomada por los países pobres en Cancún, Chile sí estuvo dispuesto a abrir plenamente sus fronteras al capital extranjero, sin esperar reciprocidad por parte de su contraparte desarrollada. Un claro ejemplo de esto es la propia agricultura. El gobierno chileno estuvo dispuesto a eliminar las escasas protecciones que tenía el sector sin exigir a cambio que variara sustancialmente el hipertrofiado aparataje proteccionista que mantienen los países desarrollados y en particular EE.UU. ¿Qué pasará con nuestra agricultura?, ¿seguirá el tristemente célebre camino de México?… todo indica que sí. Esta situación ha generado una amplia polémica entre el Gobierno y los agricultores apoyados por una amplia gama parlamentaria que exigen compensaciones frente a un sector que será fuertemente golpeado con el TLC. Hasta ahora la posición de La Moneda es inflexible: con el tratado todos ganan, por lo que no hay compensación posible, tal como lo enfatiza al ministro de Agricultura Jaime Campos, "yo aprendí en la escuela de Derecho que las compensaciones son consecuencia de un perjuicio (…). Creo que el TLC con EE.UU. no provocará ningún daño a la agricultura chilena; por el contrario, implica una gran oportunidad." Extraña posición si consideramos que tras el acuerdo con el MERCOSUR se establecieron compensaciones por 500 millones de dólares. Frente a los "temas de Singapur", esos mismos que provocaron el fracaso de la cumbre, ya fueron >aceptados sin reparos por nuestro país, al respecto son elocuentes las palabras de la propia canciller Alvear, "Chile no tiene problemas en discutir ninguno de los cuatro puntos de la agenda de Singapur. Por ejemplo, en materia de compras públicas hemos llegado a acuerdos con los Tratados de Libre Comercio que hemos firmado". Tras el fracaso de Cancún, la salida para los países pobres no parece ser otra que la de consolidar su integración, fortaleciendo de esta manera sus posiciones a nivel global y no optar por la salida preconizada por el norte desarrollado de avanzar en agendas bilaterales que a todas luces- y tal como lo demuestra el caso chileno- sólo terminan imponiendo los intereses de la contraparte más poderosa.
6.- ¿Qué experiencia se puede recoger de otros TLC? Lo primero entonces, es que la apertura no asegura crecimiento. Pero tampoco el crecimiento asegura desarrollo, que sólo se puede dar con equidad. Ejemplos hay muchos, pero en este caso vamos a tomar como indicador a México, un país que tras el TLC con EE.UU. sí creció fuertemente en inversiones y comercio exterior, explicado en gran medida por la proximidad geográfica entre ambos países, lo que hizo proliferar fenómenos como la maquila. Entre 1993 y 1998, cabe destacar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) comenzó a regir el 1 de enero de 1994, las exportaciones mexicanas aumentaron en un 117%. Asimismo en igual período el PIB se elevó en 5,5% y entre 1994 y 2001 la producción industrial creció en un 47,7%. Sorprendente ¿no?, pero ahora veamos otras cifras. En el mismo período los salarios reales del sector manufacturero cayó en 20,6%, el empleo informal despegó abarcando el 50% del mercado laboral y la pobreza aumentó de un 21,46% a un 50,97% de la población. Una situación particularmente dramática en el campo, donde el 70% de los campesinos vive en la pobreza. Por su parte, Hugo Fazio, en su documento "Tratado con EE.UU. limita aún más soberanía nacional, señala que "Al llegar a acuerdo, EE.UU. no renuncia a ninguno de sus mecanismos centrales que constituyen la negación precisamente del "libre comercio". Mantiene su particular mecanismo "antidumping" y la política de subsidios a su producción agrícola. Al mismo tiempo, debe considerarse los impactos que conlleva en el mercado interno la apertura de la economía chilena en la sustitución de producción nacional por importaciones, acentuando un proceso que ya tiene numerosas víctimas. La desgravación será inmediata para más del 80% de los productos procedentes de EE.UU." La experiencia mexicana en cuanto a su comercio con EE.UU. tras la firma del TLCAN es desastrosa. Según estimaciones de Attac las PYMES vieron seriamente afectadas, calculándose que alrededor de 28.000 de estas empresas quebraron con consecuencia del tratado. El TLC busca, más que asegurar un tipo de relación comercial, preservar de manera absoluta el respeto a sus capitales, en otras palabras, el acuerdo lo que hace es proteger las inversiones norteamericanas en Chile a todo evento. El planteamiento expreso de EE.UU. en las negociaciones es que sus capitales no podrían ser tocados, aunque se tratase de decisiones soberanas del país, tal como ahora está estipulado en el artículo 1.110 del capítulo 11 del TLCAN. Un planteamiento expresamente rechazado en las discusiones del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), por considerarlo atentatorio contra la soberanía. Este acuerdo entrega a los capitales el rango de sujetos de derecho internacional, un rango hasta ahora sólo otorgado a los estados. Esto pone a las inversiones fuera del alcance de las legislaciones nacionales, les da "inmunidad diplomática". Por otro lado al poner a los capitales y los estados al mismo nivel, las controversias entre ambos deben ser resueltas por un tribunal arbitral superior. La normativa es tan estricta que hace prácticamente imposible que se cambien políticas sectoriales. De hecho el TLCAN le da derecho a las transnacionales a demandar a los estados si consideran que alguna decisión es atentatoria contra sus ganancias. Según el acuerdo, cuando alguna rama del Gobierno central, sea regional, provincial o local promulgue o modifique una ley o normativa que afecte las ganancias actuales, futuras o potenciales de un inversionista foráneo, este puede demandar al Estado. Al respecto existen múltiples ejemplos. Uno de las experiencias más dramáticas es la vivida en el Estado mexicano de San Luís de Potosí. En la oportunidad las autoridades negaron un permiso de disposición de residuos tóxicos de la empresa Metalclad, por considerar que era peligroso para la salud de la población. La empresa demandó al Estado por 90 millones de dólares al considerar que la medida afectaba su tasa de ganancia. Finalmente las autoridades tuvieron que pagarle a la empresa 16,7 millones de dólares. Una situación similar se vivió en Canadá, cuando el parlamento de ese país decidió prohibir la importación y distribución del MMT, que es un producto tóxico que se utiliza como aditivo para la gasolina. La empresa Ethyl Corp. Que trabaja con el producto, demandó al Estado por la pérdida de ganancias que le generaría tanto el dejar de usar el producto, como el daño a la imagen corporativo que le había provocado la promulgación de dicha ley. La demanda pedía una indemnización tan alta, que las autoridades de Canadá decidieron llegar a un acuerdo: derogar la ley y además pagarle a la empresa una suma de 13 millones de dólares. Ante esto, los ministros de estado canadienses se vieron ante la humillante obligación de declarar ante el Parlamento y la opinión pública que el MMT no representaba un peligro contra la salud, contradiciendo todas las evidencias científicas. Esta situación llevó al secretario de estado y ex vice primer ministro canadiense, Paul Hellyer, a declarar que "la firma del NAFTA (en sus siglas en inglés) ha sido, en verdad, la rendición de Canadá. Hicimos entrega a los inversionistas americanos y mexicanos de más derechos de los que poseen los propios ciudadanos canadienses" y agregó que "se podría decir que una corporación foránea exigió al Gobierno de Canadá que emitiera declaraciones engañosas". Estos son algunos de los casos más paradigmáticos, pero las demandas suman y siguen. Los estados norteamericanos de California y Alabama acumulan demandas de inversionistas canadienses y mexicanos que superan el billón de dólares. Así como los mexicanos aún deben lidiar con demandas de empresas que contaminan el medio ambiente como Waste Management Inc. en Acapulco y de la empresa Azinian en Desona.
Por: Iván Valdés
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